Resolviendo problemas

panesEl milagro de la alimentación de los cinco mil está en los cuatro evangelios (Mat. 14:13–21; Mar. 6:35–44; Luc. 9:12–17; Juan 6:4–13). Fue un gran milagro definitivamente y por ello es que la multitud quería coronar a Jesús como su Rey ¡en el acto! (Juan 6:14–15).

¡¿Te imaginas a los discípulos con más de 5 mil personas y nada que darles de comer?! Aun cuando los discípulos sabían que Jesús tenía el poder para ayudarlos no acudieron a Él, en cambio se pusieron a contar la comida que tenían (un jovencito tenía cinco panes y dos peces) y el poquito dinero que quedaba. Cuando se pusieron a pensar en la hora del día (ya tarde) y el lugar (un lugar aislado), llegaron a la conclusión que ya nada se podía hacer para resolver el problema así que el consejo que le dieron al Señor fue: “Mándalos de regreso”.

Como mucha gente en la actualidad pensaron que no era el momento adecuado para que Dios obrara. Pero mientras Jesús veía a sus frustrados discípulos Él sabía lo que quería hacer (Juan 6:6). Quería enseñarles una lección de rendición y de fe. Fíjate en los pasos que debemos tomar para resolver los problemas de la vida.

Comienza con lo que tienes. Andrés encontró a un joven con su ‘lonche’ y se lo llevó a Jesús. ¿Estaba dispuesto el jovencito a compartir su ‘lonche’? ¡Claro que sí! Dios comienza a obrar en donde estamos y usa lo que tenemos.

Dale a Jesús lo que tienes. Jesús tomó esa simple comida, la bendijo y la compartió. ¡El milagro de la multiplicación estaba en sus manos! “poquito es mucho si Dios está en ello”. Jesús partió el pan y le dio los pedazos a sus discípulos quienes alimentaron a la multitud.

Obedece lo que te manda. Los discípulos hicieron que la gente se sentara como Él se los había ordenado. Tomaron los pedazos y los repartieron y descubrieron que había suficiente para todos. Como sus siervos somos “distribuidores” no “productores”. Si le damos lo que tenemos, Él lo bendecirá y nos lo regresará para alimentar a otros.
Conserva los resultados. Hubo doce canastas llenas con las sobras de los panes y los peces luego de que la gente comió todo lo que quiso. Todas las sobras fueron recogidas con cuidado para no desperdiciar nada (Mar. 6:43; Juan 6:12). ¿Te imaginas la cara de la mamá de este jovencito cuando llegó a su casa con comida y le contó la historia?

Hay un mundo hambriento que solo se alimenta de comida chatarra mientras que nosotros los privamos del Pan de Vida. Cuando le damos a Cristo lo que tenemos nunca salimos perdiendo, al contrario, terminamos más bendecidos que cuando empezamos.

Dios te bendiga,

Enero 18, 2016 | W. W.

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